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de transporte público de las ciudades. Ya no será la única alternativa para viajar de una determinada capa de la sociedad, sino una opción más de entre muchas (bicicletas públicas, metro, autobús, tranvía, etc.), y el poder lo dará el software y la inteligencia que nos permita calcular la manera más rápida, cómoda y eficiente de trasladarnos entre dos puntos a una hora concreta. Por lo mismo, y gracias a la creciente flexibilidad en el mundo laboral, podremos elegir en qué momento sería mejor salir de casa para llegar a la oficina, combinando el teletrabajo con la presencia en la oficina para mejorar la conciliación. Los cambios sociales se consiguen cuando los diferentes actores implicados, tanto públicos como privados, ofrecen a los ciudadanos alternativas que sean más atractivas que el estatus quo. Sin embargo, más allá de la mejora inmediata de la calidad de vida, hay argumentos de peso que deben servir de catalizador para la transformación. Y es que los atascos kilométricos no sólo cuestan tiempo –a lo largo de su vida los conductores pasan una media de más de cuatro años en atascos de tráfico-, sino también dinero. Según las estimaciones, las pérdidas en tiempo y productividad provenientes de los atascos suponen un coste de cerca del 1% del PIB de la Unión Europea y previsiblemente estos costes se incrementarán en un 50% para 2030. Tampoco nos debemos olvidar de que el transporte es causante del 28% de las emisiones de CO2. Pero producir el cambio que la sociedad tanto necesita –más cuando se trata de reordenar no sólo la mentalidad sino también la infraestructura urbana– requerirá el compromiso de la empresa y los legisladores con el fin de tomar las medidas necesarias y crear el orden jurídico necesario para que prospere esta nueva visión para las ciudades. Dentro y fuera de España, son muchas las ciudades que han puesto manos a la obra y todos los días descubrimos nuevos casos de éxito basados en la innovación y apoyadas en las mentes visionarias de emprendedores, alcaldes y demás participantes en el desarrollo del ecosistema de las ciudades. Para que estos esfuerzos prosperen, son los Gobiernos los que tendrán que liderar el proceso, siempre contando con el apoyo y la asesoría de las empresas, y manteniendo los ojos abiertos ante los continuos avances tecnológicos. A nivel tecnológico, los sistemas de Transporte Inteligente Cooperativos (C-ITS) y la gestión de la multimodalidad van a ser las próximas tendencias en materia de movilidad inteligente. Gracias a estas soluciones, las ciudades podrán tener un mayor control sobre los vehículos que entran y salen o sobre la utilización de las plazas de aparcamiento. Hay que olvidarse de los planteamientos anticuados con los que los gestores de las ciudades buscaban combinar medidas basadas en el palo y la zanahoria. No se trata de castigar a los ciudadanos por las decisiones que tomen libremente, sino de dar alternativas que les lleven a plantear ellas solas cambios en sus rutinas que hagan más cómoda su vida cotidiana. En este sentido, las medidas draconianas que se aplican en algunas ciudades para hacer frente a los picos de contaminación obedecen a una lógica del siglo pasado, y sólo generan mayor frustración entre los ciudadanos sin resolver nada. La tecnología C-ITS también será un importante facilitador del transporte en carretera cuando los vehículos autónomos empiecen a ser comunes. Gracias a ella, todos los vehículos y los sistemas de detección y monitorización se comunicarán entre sí para garantizar la seguridad. Los sistemas C-ITS serán, además, multimodales por naturaleza y se comunicarán con los dispositivos inteligentes de los viajeros. Proporcionarán a los ciudadanos información a medida y altamente fiable sobre sus alternativas de viaje y los animarán a valorar todas las opciones, desde las carreteras –incluyendo coches, autobuses y taxis– hasta los trenes, tranvías o trenes ligeros. Y cada vez más, se fusionarán las tecnologías y apps que permitan a los ciudadanos organizar sus viajes, pagar el aparcamiento, etc. de manera que no tengan que cambiar continuamente de servicio cada vez que entren o salgan de una ciudad distinta. Con todo ello, la solución a los problemas del transporte se encuentra en la comunicación entre todos los elementos que componen la infraestructura de las ciudades. Nos referimos a dispositivos inteligentes, sin embargo, en la práctica, la verdadera inteligencia reside en la gente, que tendrá a su disposición toda clase de herramientas y recursos para evaluar la situación del transporte en un momento concreto, y en base a esta información tomar decisiones sobre cómo transitar por la ciudad. Las ventajas se extienden más allá de la mejora de la calidad de vida, el aumento de la libertad o la reducción de la contaminación. Los costes son menores al no tener que sustituir la infraestructura existente de la ciudad. Se trata más bien de aprovechar lo que tenemos de manera que el tráfico fluya sin sobresaltos �� 52 energética XXI · 173 · ENE/FEB18


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