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Con el transporte inteligente, es el ciudadano el que manda Los sistemas de Transporte Inteligente Cooperativos (C-ITS) y la gestión de la multimodalidad van a ser las próximas tendencias en materia de movilidad inteligente. Gracias a estas soluciones, las ciudades podrán tener un mayor control sobre los vehículos que entran y salen o sobre la utilización de las plazas de aparcamiento. JAVIER AGUIRRE UVP DE KAPSCH PARA ESPAÑA Y PORTUGAL na de las preguntas que hasta hace relativamente poco nos hacíamos de forma reiterada los que trabajamos en algún nivel con el sector de transporte es: por qué, si como seres humanos habíamos sido capaces de llevar un hombre a la luna, no se había logrado aplicar la misma imaginación a la tarea de transportar a los trabajadores a lo largo de un trayecto de unos pocos kilómetros entre su casa y su oficina. En los últimos años, sin embargo, de manera casi invisible para el ciudadano, las empresas y las Administraciones han dado grandes pasos hacia la realización del sueño de crear un modelo de transporte realmente inteligente, con importantes consecuencias a nivel de eficiencia y comodidad para los residentes de las ciudades. El reto no es pequeño y de nuestro éxito depende el futuro de la sociedad. Sin embargo, no debería ser difícil encontrar el tiempo y recursos para dar respuesta a las necesidades de los habitantes de las grandes urbes teniendo en cuenta la eficiencia que ya lleva implícita la forma de vida urbana. Se trata este de un argumento válido tanto cuando nos referimos a España como también a cualquier otro país del mundo. En nuestro país, la mitad de la población reside en zonas urbanas y para 2050, según previsiones de la ONU, podremos decir lo mismo sobre un 70% de los habitantes del planeta. En este contexto, debería ser rentable invertir en tecnologías que permitan gestionar el transporte de manera más inteligente. Y en contra de las profecías de tantos libros de ciencia ficción, resulta que la solución a estos problemas no provendrá de un único gran invento: una nueva modalidad de transporte de masas que revolucione la ciudad como en su día lo hizo el tranvía o el metro. La respuesta a este gran desafío ya está dentro y fuera de nuestros bolsillos. Según estimaciones de Gartner, 2.300 millones de elementos conectados formarán parte de las ciudades inteligentes en 2018, y el dispositivo que traslada las ventajas de IoT al consumidor individual, no es nada más o nada menos que el smartphone. Unos teléfonos inteligentes que nos permiten dar orden a las ciudades y gestionar nuestros traslados con la máxima eficiencia, ganando además libertad para elegir la modalidad que nos sea más oportuna en cada momento. La llegada del primer coche motorizado rápidamente se convirtió en un símbolo del progreso humano y de la libertad para moverse dentro y fuera de las ciudades. Fue la primera gran conquista para el individualismo en la era industrial y rápidamente la gente empezó a definir su estatus en base a la marca y el modelo de vehículo que conducía. Es una ironía dulce que hoy en día la generación milennial se defina más por el smartphone o el smartwatch que por el vehículo privado. De todas formas, para poder visualizar cómo se construirá la identidad de las ciudades, no hay que pensar tanto en el hardware tecnológico sino en la forma con la que las nuevas generaciones definan su libertad a la hora de moverse. No prescindirán del coche, aunque cada vez más recurrirán a modelos como el car-sharing, y con la generalización de los vehículos eléctricos y autónomos, el coche dejará de ser un bien privado para convertirse en un elemento más dentro del tejido energética XXI · 173 · ENE/FEB18 51


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