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BALANCE 2018 PERSPECTIVAS 2019 Las leyes de la transición energética El año 2018 ha estado caracterizado por haber sido la antesala del cambio. Mientras 2017 fue el año del despertar del sector, gracias a las dos subastas que se celebraron y que volvieron a poner en marcha a las tecnologías eólica y fotovoltaica, 2018 ha sido la preparación. Para todas aquellas empresas que se encuentran inmersas en el desarrollo de los proyectos adjudicados en 2016 o 2017, puede sonar extraño que denominemos a este 2018 como un año preparatorio. ¿Acaso no estamos ya inmersos en la vorágine de los proyectos con unas claras fechas de entrega? Es cierto que el sector hoy se encuentra en movimiento y que, en algunas empresas, se vive una verdadera carrera contrarreloj dado lo precipitado de las subastas y sus tiempos. Pero, si analizamos este 2018, vemos que esto no es sino un adelanto tibio de lo que está por venir. En 2018 se ha alcanzado el acuerdo de los trílogos, que ponen sobre la mesa un objetivo del 32% de renovables en el consumo final de energía para 2030. En 2018 se han eliminado las barreras administrativas al autoconsumo. En 2018 se ha constatado, con numerosos proyectos acudiendo directamente a mercado, que muchas tecnologías renovables son la opción más económica de generación eléctrica. En 2018 hemos visto, por fin, como los PPAs se integran como una opción viable para cimentar la financiación de los proyectos. Si lo analizamos con detenimiento, vemos que este año se han puesto los cimientos de lo que deberá ser el desarrollo futuro del sector. Sin embargo, no todo son buenas noticias para los que trabajamos en el sector renovable. Queda mucho por hacer y algunos indicadores, que en 2017 fueron claramente negativos, aún no han sido revertidos. En 2017 disminuyó nuestro porcentaje de renovables, tanto en electricidad como en energía, y aumentaron tanto las emisiones de gases de efecto invernadero como nuestra dependencia energética de los combustibles fósiles. Podríamos pensar que se trató de un dato coyuntural, dado que gran parte de estas cifras se explican por la caída de la producción de la hidráulica debido a la sequía, pero el hecho de que no se haya incorporado nueva potencia renovable en los últimos años ha hecho imposible paliar la baja hidraulicidad que vivimos hace un año. De cara a garantizar que avanzamos hacia nuestros objetivos, tanto el 32% marcado y acordado en Europa, como el 35% avanzado por el actual Gobierno, es necesario que facilitemos el cambio. Por citar algunos de los retos que tendremos que dar respuesta en el corto plazo, podemos pensar en seguridad jurídica, planificación del sector, impulso de los usos térmicos y transporte, regulación del autoconsumo y electrificación de la demanda. Estos cinco retos deben ser resueltos si queremos que la próxima década traiga un verdadero desarrollo industrial asociado a las energías renovables y la creación de empleo local y de calidad. La seguridad jurídica está muy vinculada a las inversiones. Serán necesarios 100.000 millones de euros de aquí a 2030 para acometer la Transición Energética y son las empresas privadas las que acometerán esta importante inversión. Si hoy los productores que invertimos con unas reglas del juego claras, marcadas por el BOE, ni siquiera sabemos cuál será nuestra rentabilidad razonable –un parámetro que el regulador introdujo a posteriori– a partir de 2020, ¿cómo vamos a pedir a los nuevos inversores que entren en el sistema? Muy relacionado con esa seguridad jurídica tenemos la planificación. Cuando las empresas entraron en la primera subasta JOSÉ MARÍA GONZÁLEZ MOYA DIRECTOR GENERAL DE APPA RENOVABLES 76 energética XXI · 182 · DIC18


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