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Las bondades del CO2

Nervis Villalobos, Director Técnico y de Operaciones de Enersia Technology & Innovation

Tantas veces se ha hablado “mal” del dióxido de carbono que parece en realidad “la bestia negra” que está acabando poco a poco con nuestra atmósfera, pero esto no es del todo cierto. Pocas veces no paramos a reflexionar sobre el tema, ya que tenemos quizás ideas distorsionadas debido a toda la información con la que se nos bombardea sobre las continuas emisiones de CO2, sin embargo, parece que se nos olvida que el dióxido de carbono (CO2), gas incoloro e inodoro, es también vital para la vida en la Tierra. Este compuesto químico que se encuentra en la naturaleza está presente en todo tipo de aguas y en los yacimientos de gas y petróleo. Hasta ahí, son simples datos químicos que no aportan nada nuevo. Este gas imprescindible es por tanto necesario también, y nosotros lo que tenemos que evitar es hacer un uso inadecuado para que no se produzca una masiva concentración del mismo en la atmósfera. El CO2 se produce de forma natural de muchas maneras: Regresa al agua gracias a las branquias de los peces y al aire que respiran los seres vivos; durante los procesos de descomposición de materiales orgánicos o en la fermentación de azúcares durante la fabricación de vino, cerveza y pan; se produce por la combustión de carbohidratos, combustibles fósiles (carbón, petróleo o gas natural) o de madera… Las principales fuentes de CO2 son la oxidación de la materia orgánica dispersa (MOD), la maduración de la MOD  húmica, la termodescomposición y el termometamorfismo de las rocas carbonatadas.

En realidad, lo que tenemos que aprender y descubrir son nuevos métodos de control y aprovechamiento del compuesto para evitar que dañemos nuestro planeta.

Mientras tanto, y aunque es un procedimiento costoso pero bajo mi percepción muy efectivo, en algunas zonas geográficas con abundantes yacimientos maduros como Buenos Aires (Argentina) se está utilizando el dióxido de carbono como mecanismo de recuperación asistida para la generación de nuevos recursos y aumentar la producción del crudo. El método más empleado consiste en disolver CO2 mezclable en el petróleo crudo, aumentando así su volumen y reduciendo su viscosidad, lo que le permite al ser mas líquido, penetrar hacia el pozo de recuperación a través de las rocas. Técnicamente, me refiero a que su ventaja reside en que permiten alargar la producción de los yacimientos por décadas mientras capturan geológicamente varias miles de toneladas de dióxido de carbono. Pero el objetivo que se pretende al utilizar la inyección de CO2 (recuperación terciaria -EOR)  es obtener volúmenes de petróleo similares a los que se consiguen por inyección de agua (recuperación secundaria), además de ser  óptimo para preservar el medio, ya que disminuyen las emisiones nocivas.

La fuerte solubilidad del CO2 en el aceite (y un menor grado en el agua) toma su utilización muy atractiva para la EOR del petróleo. Este gas puede ser inyectado en estado gaseoso de manera continua o bajo forma de baches alternados con agua. Si los aceites son ligeros y medianos, el nivel de recuperación es alto, pero con aceites más pesados, la presión de miscibilidad no puede prácticamente ser alcanzada. En lo general, el CO2  disuelto en el aceite tiene un efecto directo sobre las propiedades de mezcla: la movilidad del aceite y la reducción de la viscosidad mejoran sensiblemente la eficiencia de barrido, por eso es una opción bastante buena.

Por otro lado, me parece también bastante novedosa y efectiva la conclusión de un estudio publicado por la revista Nature Geoscience,  que ha sido liderado por científicos británicos y chinos en colaboración con la Universidad de California (EE.UU.) y el Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (CSIC) en el que se ha descubierto que el cemento es un  importante reabsorbedor de CO2 a través de un proceso denominado carbonatación. Su elaboración que supone un alto porcentaje de emisiones a la atmósfera en los procesos industriales -hasta de un 90%-  es reabsorbido más tarde por el propio material.  El cemento mundial es sumidero de unas mil millones de toneladas de CO2 al año, lo que supone una recuperación del 43% de las emisiones ocasionadas por la producción de hormigón. Pero es que además, este equipo investiga algo revolucionario que está teniendo éxito, y es el proceso inverso, convertir el dióxido de carbono capturado en material de construcción al que han bautizado como CO2 NCRETE y que se está haciendo con impresoras 3D en laboratorios. Sin duda creo que esto puede suponer quizá una revolución, un punto de inflexión para las construcciones del futuro, donde el hormigón puede imponerse como uno de los materiales predilectos para constructores y arquitectos a la hora de hacer realidad un proyecto.

Pero no es la única fuente que reabsorbe el CO2. La iniciativa +osos- CO2 es un programa de reforestación puesto en marcha por el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS), que ha permitido plantar hasta la fecha más de 350.000 árboles frutales en la Cordillera Cantábrica. Los objetivos principales de esta iniciativa son capturar emisiones de CO2 atmosférico a través de los árboles a la vez que se producen más frutos para una especie amenazada, la de los osos pardos, incrementando sus posibilidades de alimentación en momentos cruciales como son la pre y la post hibernación. 15 empresas han colaborado ya con esta iniciativa.

 

Crédito imagen: alexmillos.123rf

Artículos sobre energía | 23 de marzo de 2017

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